El agujero de la coraza de mi corazón

“Él había tratado de traerla de vuelta.
Ella sólo veía cuando se sentía que debía, en sueños, en mentiras y momento de dejá vu en los cuales se derrumbaba.”
— Rainbow Rowell (Eleanor and Park) 
“-No me gustas, Park. -dijo ella, sonando por un segundo como si lo dijera realmente en serio-. Yo… Su voz casi desapareció-, a veces creo que vivo por ti.
Él cerró los ojos y arqueó la cabeza en su almohada.
-No creo que si quiera pueda respirar si no estamos juntos -susurró-. Lo que quiere decir, que cuando te vea el lunes por la mañana, habrán pasado como sesenta horas desde que he respirado. Esa es probablemente la razón por la que estoy tan gruñona, y por qué te grito. Todo lo que hago cuando estamos separados es pensar en ti, y todo lo que hago cuando estamos juntos es entrar en pánico. Porque cada segundo se siente tan importante. Y porque estoy tan fuera de control, no puedo evitarlo. Ni siquiera me pertenezco, soy tuya ¿y qué si decides que no me quieres? ¿Cómo podrías quererme como te quiero?”
— Eleanor and Park (Rainbow Rowell) 
“Todos necesitamos ser aceptados, pero deben entender que sus convicciones son suyas, les pertenecen…aunque toda la manada diga: ¡no está bien! Robert Frost dijo: “Dos caminos divergen en un bosque, y yo tomé el menos transitado de los dos, aquello fue lo que cambió todo”. Quiero que encuentren su propio camino.”
— La sociedad de los poetas muertos 

ELLA: Prometo ayudarte a amar la vida, a tratarte siempre con ternura y tener la paciencia que el amor requiere, a hablar cuando sea necesario y compartir el silencio cuando no. A vivir en la calidez de tu corazón, que siempre será mi hogar…

ÉL: Prometo amarte apasionadamente de todas las formas ahora y para siempre, prometo nunca olvidar que éste es un amor para toda la vida, y guardarlo siempre en lo profundo de mi alma. No importa qué nos quiera separar, siempre nos encontraremos el uno al otro.

— Votos de amor 
“Cuando eres pequeño, quedar al margen es una cosa terrible. Puede que lo peor…
En todos esos años jamás me invitaron a una fiesta de cumpleaños. Jamás me preguntaron si quería quedarme a dormir en casa de un amigo. Ni una vez subí al asiento trasero de un coche para ir a tomar un helado en Friendly. Jamás recibí una llamada por la noche para cotillear sobre el colegio, sobre deportes o sobre quién había besado a quién en el baile de séptimo curso. Nunca jugué en ningún equipo, ni canté en ningún coro ni desfilé en ninguna banda. Ningún viernes por la noche animé en un partido de fútbol americano, ni me puse nunca con timidez un esmoquin mal entallado para ir a un baile. Mi vida era única debido a la ausencia de todas esas pequeñas cosas que constituyen la normalidad de cualquier cosa.
Nunca supe qué detestaba más, si el mundo esquivo del que procedía y al que jamás podría incorporarme o el mundo solitario en que estaba obligado a vivir. Solitario exceptuando las voces”
— John Katzenbach (La historia del loco) 
“…cada día trabajo como voluntario para registrar el regreso del salmón a la cuenta del río Connecticut. Eso me exige observar cómo infinitos litros de agua fluyen por la presa, y ver de vez en cuando cómo un pez remonta la corriente, impulsado por un potente instinto de volver a su lugar de nacimiento, donde, en el mayor misterio, desovará a su vez y morirá. Admiro al salmón, porque comprendo lo que significa ser empujado por fuerzas que los demás no pueden ver, sentir ni oír, y percibir la obligación de un deber más importante que uno mismo. Son peces psicóticos. Tras años de recorrer tan felices el ancho océano, oyen una poderosa voz interior que los impele a inicia este viaje imposible hacia su propia muerte”
— John Katzenbach (La historia del loco)